La Junta Directiva
Porfolio de las Fiestas de El Carmen 2025
María Josefa Cabaleiro Pardo, más conocida por sus vecinos como Fina, nació en Santiago de Compostela en el año 1937. En 1952 dejó su trabajo en un sanatorio de Santiago para venir a Asturias a cuidar de su padre enfermo y ayudar a su madre. Al cabo de unos años conoció al que fue su marido, Ángel, y se casaron en el año 1960 en Valdesoto. Vivieron en Carbayín donde nació su hija María José en el año 1961. Se mudaron a Somió animados por el hermano de su marido en 1970.
A Fina no se le pone nada cuesta arriba. Trabajó muchísimo, siempre de buen humor, asistiendo en varias casas. Recuerda trabajar muchos años con la familia García-Rendueles, dueños de la discoteca El Jardín. Allí entró para atender a Carmen, la madre de Corsino y Fernando.
Aún mantiene amistad con las familias de Somió para las que trabajó y estas se acuerdan del exquisito arroz con leche que Fina siempre les preparaba de postre.
En 1994 fallece su marido a causa de una enfermedad producida por su trabajo en la minería. Fina no volvió a trabajar fuera del hogar.
Como decíamos fue, y sigue siendo, una gran trabajadora, responsable y con carácter. Se pasó la vida velando por su familia y ocupándose de los demás.
Es una estupenda cocinera y se le dan bien las labores de costura y ganchillo. En resumen, una mujer que se hizo a sí misma.
Inquieta por naturaleza, no le gusta quedarse en casa. Una vez jubilada comenzó a colaborar con la iglesia haciendo primorosos manteles de ganchillo para el altar mayor.
Muy participativa de las actividades de la Asociación de Vecinos, es de esas socias que aplauden y participan de todo lo que se programa para los vecinos. Fue asidua de las caminatas mensuales y las excursiones, siempre con ganas de disfrutar, pero una operación de rodilla la frenó un poco.
No hace falta avisarla para hacer trabajos comunitarios como puede ser la alfombra floral del Corpus, pues ella es la primera que llega con las herramientas necesarias y siempre sabe lo que tiene que hacer. Cuando llega el Carmen, lo mismo: se pone su mandil y a ayudar en lo que sea. Parada nunca está. También le encanta adornar la iglesia para navidad.
Habitualmente la vemos dando largos paseos por su barrio de La Pipa y alguna vez la hemos visto limpiar las cunetas atascadas de hojas y ramas. Todo un ejemplo de buena y ejemplar vecindad.
Se olvida de las añoranzas vividas disfrutando de un huerto que tiene en casa de su hija y su yerno y, sobre todo, viendo crecer a su bisnieto Ezequiel de dos añitos.
Fina, sirva esta remembranza, próximos a comenzar las fiestas de El Carmen, para decirte lo que te apreciamos como vecina comprometida. Que sigas con la vitalidad y el sentido común que te caracteriza muchos años más.
