La escuela de Somió

Autor: Javier Cardeli

Porfolio Fiestas de El Carmen de Somió 2024

La Escuela de niños de Somió estaba o mejor dicho está aún detrás de la Iglesia Parroquial. Aunque con el edificio bastante reformado y dedicado a otras atenciones sociales. Contaba con parvulario, escuela del maestro, casa adosada, donde residía con su familia y patio de recreo, que ocupó después muchos años el primer local de la Asociación de Vecinos.

En la parroquia no solo existió esta escuela. Hubo otras en los barrios de La Guía, Fojanes y San Lorenzo, además, de centros educativos regidos por religiosas, pero voy a centrarme en la de Somió, donde estuve, creo que desde párvulos a los catorce años en la década 50-60 del siglo pasado.

Primero aprendíamos a leer, escribir y las cuatro reglas, desde los cuatro hasta los seis años, en el parvulario mixto de niños y niñas de la maestra Doña María Luisa, sito en el mismo edificio, con la entrada por el patio, pero mis recuerdos son casi todos de la escuela del señor maestro, que así era como nos dirigíamos a él, pues allí permanecíamos más tiempo hasta la adolescencia.

Estaba al frente de la escuela, Don Francisco Rodríguez o Don Paco, como más familiarmente se le conocía, y el aula se componía de mesa maestral presidiendo, al lado los mapas y encerado, en tres filas los pupitres dobles de madera, con tinteros para las plumillas, vetados los bolis que ya existían y en las paredes las efigies y símbolos políticos de la época, completaban el austero mobiliario y decoración del espacio escolar.

Don Paco impartía clases en tres niveles de edades, de 6 a 8, de 9 a 11 y de 12 a 14 años, en horario de mañana y tarde, de lunes a sábado, salvo el jueves, día en que no había clase por la tarde. Las vacaciones de verano cerraban la escuela de junio a septiembre.

Teníamos el mejor concepto de Don Paco, por sus conocimientos, seriedad y forma clara de explicar las asignaturas, además de lidiar con una cuarentena de chavales, aunque buena gente en general y le ayudaban en tareas menores su esposa Doña Pilar y su hijo Paquin. También a veces se veía obligado a corregir algunas conductas para mantener la normalidad escolar, básico en aquellos tiempos en los que los padres no tenían apenas influencia en la escuela, salvo asuntos puntuales o a requerimientos del maestro.

La enseñanza primaria estaba acaparada por la consabida Enciclopedia Álvarez de 1º, 2º y 3º grado que abarcaba todas las materias. La caligrafía era importante, así como los ejercicios de redacción y eran temidas las salidas al encerado. Una vez terminados los estudios primarios, tocaba empezar el Bachillerato o formación Profesional. También la incorporación al trabajo de aprendiz o similar. Esas eran las opciones según los casos y necesidades.

Pero lo cierto es que aparte de la rutina diaria de las clases, en la memoria pesan más las anécdotas, juegos y peripecias, que reflejan mejor el día a día en las escuelas de una época casi posguerra. Por ejemplo: Más de una vez llegaba algún vecino a quejarse de la rotura de bombillas del raquítico alumbrado existente, porque el “tiru con gomeru” deporte autóctono en auge entonces y concursalmente presente ahora en las fiestas del Carmen, tenía sus seguidores, pero claro, algunos se pasaban cinco pueblos tirando a objetos sensibles, como especialistas de destreza considerable apuntando al objetivo. Aunque los hechos no se produjeran en el ámbito escolar, el maestro atendía las quejas y si averiguaba que algún alumno pudiera estar implicado le caía una seria reprimenda y además se comunicaba el asunto a los padres para que tomaran medidas al respecto.

En la escuela se recibió durante cierto tiempo, leche en polvo uy creo que también queso y mantequilla, productos que enviaban los Estados Unidos a loa centros educativos y sociales, como ayuda alimentaria para paliar la excepción que sufríamos en el Plan Marshall, pero no me parece que hubiera mucha “demanda” al menos en lo referido a la leche, ya que Somió, muy distinto al de ahora, disfrutaba de una apreciada ganadería vacuna lechera de tipo familiar, que paliaba bastante estas carencias.

En el exiguo patio de recreo, con una fila de árboles en medio del mismo, “darle al balón” era la principal actividad, aunque difícil en aquellas condiciones, así que se frecuentaban las salidas a los cabildos y frente de la iglesia para “echar un cuadrín”, “partides de manaes” (una especie de frontón) gua, peonza, piocampo o “carreres de chapes”, estas incluso en la carretera, por donde pasaban pocos coches, alguna “xarré”, la Campsa, el Alsa o El Gaitero.

Al termino de la jornada diaria, si no era posible en prados cercanos, como por ejemplo Somió-Park, el campo de la iglesia era el escenario para partidos, de nuevo con arbolado presente.

Resaltaré que Don Paco formó un equipo de futbol para participar en los Campeonatos Escolares disputados en el campo de La Florida, proclamándose subcampeón, lo cual no era de extrañar, teniendo en cuanta la gran experiencia adquirida por sus integrantes, librando obstáculos. De aquel conjunto, años más tarde llegarían al Sporting varios chavales, como David, Carlos y Susi Piñera.

Para acabar con este nostálgico repaso, recuerdo que en el tiempo de recreo tenía marcada tendencia la lectura de tebeos. Estaban en su apogeo los cómics del Guerrero del Antifaz, Capitán Trueno, Jabato, Hazañas Bélicas y también TBO, Tiovivo, DDT, etc. Se podría decir, con perdón por la comparación, que serían el equivalente al controvertido móvil en los actuales colegios.

En resumen: Si algún chaval leyera ahora estos recuerdos escolares de hace más de sesenta años, probablemente alucinaría en colores, pero seguro que los que fueron en aquella época a la Escuela de Somió, refrescarán la memoria y se acordarán de estas y otras vivencias que es muy probable tengan in mente.